¿Cuántas veces has achacado un vómito o diarrea a una mala digestión que en realidad podría deberse a una mala conservación o tratamiento de alimentos cocinados?

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) dice que en 2018 el 40,5 % de los brotes de intoxicación alimentaria tuvieron lugar en el hogar. Sin embargo, en el 73% de los casos se desconoce qué microorganismo o sustancia fue el causante.

¿Qué es una infección alimentaria y una toxiinfección?

      • La infección alimentaria es una enfermedad causada por microorganismos como bacterias (ej.: Salmonella, Listeria monocytogenes, o Campylobacter jejuni), virus (ej.: hepatitis A, rotavirus o norovirus) o parásitos (ej.: Anisakis simplex o Trichinella spiralis).
      • La toxiinfección alimentaria es una enfermedad causada por una sustancia química generada por microorganismos, como Clostridium botulinum o Clostridium perfringens, que generan toxinas, incluso letales, en situaciones de anaerobiosis (sin oxígeno), por pesticidas, productos químicos, mariscos, plantas, metales pesados y hongos.

¿Cuál es el cóctel perfecto para que un microorganismo crezca y se desarrolle o genere toxinas? Un buen medio de cultivo (alimento), a buena temperatura (generalmente temperatura ambiente, aunque hay muchos microorganismos capaces de desarrollarse a temperaturas más extremas) y déficit de higiene general de utensilios, superficies, almacenes, frigoríficos y manos.

¿Podemos fiarnos del gusto y del olfato para saber si un alimento está en condiciones para ser consumido? No siempre. Esto es así porque no siempre que hay microorganismos creciendo en el alimento, producen mal olor o sabor. De hecho, las toxinas que se producen no se suelen percibir. Es por ello por lo que el consumo en mal estado de ese alimento podría provocar una toxiinfección. Así que, ante la duda, ¡a la basura!

infección alimentaria

¿Cómo evitamos el despilfarro de comida innecesario?

Realizando una buena manipulación y conservación del alimento.

Cuando vamos a la compra, sabemos dónde cogemos cada alimento. Si coges un alimento refrigerado, debes cuidar que la cadena de frío no se rompa demasiado tiempo, por lo que intenta ordenar la compra para cogerlos al final, llegar a casa cuanto antes y volver a almacenarlos en el frigorífico. Lo mismo ocurre con los alimentos congelados; por lo que una buena opción es llevar una bolsa aislante que guarde lo máximo posible la temperatura hasta llegar al congelador.

Una excepción a esta norma es el huevo. Los huevos se encuentran sin refrigerar en el supermercado, pero hay que guardarlos en la nevera una vez lleguemos a casa, ¿por qué? Porque si los compráramos refrigerados, el agua de condensación que habría en la cáscara ayudaría a penetrar a microorganismos al interior de huevo en cuanto la temperatura aumentara al sacarlos del super. Esas fluctuaciones harían que tuviéramos infecciones alimentarias por huevo muy a menudo.

 

Ahora que ya conocemos en qué consisten las infecciones alimentarias y toxiinfecciones alimentarias y tenemos claro que una buena conservación de los alimentos pasa por una compra bien planificada, podemos profundizar sobre las fechas de consumo de dichos alimentos y centrarnos en la correcta manipulación de los productos envadados. ¡Te cuento todos los detalles en mi próximo post!

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