El objetivo de mi «experimento»…

Como explicaba en mi post introductorio, a través de diferentes ejemplos quiero reflejar la realidad de mucha gente, con exceso de peso o sin él, pero con trabajo por hacer de autocontrol. Cuando alguien es consciente de que no sabe parar y ve el problema, se tiende a querer salir de él sin esfuerzo o con excesiva prisa. ¡No hay nada peor que sentirnos como marionetas en manos de la comida! Hay que aprender que el autocontrol no significa privación.

En consulta con Leticia me comenta, un poco inquieta, que ha leído el artículo estos días y se siente reflejada con el caso de Casandra.

En este caso me cuenta que esta semana compró galletas “digestive bajas en azúcar” buscando que no tenga exceso de azúcar añadido, para que sean lo más sano posible. Y, como su hijo va al gimnasio, también está muy pendiente del contenido calórico de las cosas que compra y le dijo que estas galletas eran mejores que otras del mercado.

El motivo de comprarlas fue que su marido tenía hambre y le apetecían unas galletas. Compraron esas para que en cualquier momento pueda comer ella también, pues está aprendiendo a controlar su ansiedad y su peso, y como su hijo había dado visto bueno, pues las consideró la mejor opción.

En el momento de llegar a casa, su marido se puso a comerlas, y ella, en lugar de 1 galleta, comió 4. Se sentía menos culpable al ser galletas más “sanas”. Llegó a pensar que si hubiera cogido un plátano hubiera sido mejor, pero que coger esas galletas era la opción más fácil. En el fondo, sigue sintiendo remordimientos porque sabe que sigue sin ser del todo correcto. Y me lo cuenta para que le resuelva la duda.

En este caso, el EFECTO HALO está presente y os explico en qué consiste.

En primer lugar, podríamos asociar que el marido de Leticia, presa de su capricho, sintió hambre durante la compra y le apetecía comer algo dulce. El efecto halo provocó en la mente de Leticia la idea de que escoger algo dulce “sin azúcares añadidos” y encima con la palabra “digestive” (que en su cabeza suena a digestivo) era algo positivo porque le permite comer ese capricho sin afectar a su salud. Lo cual conduce, no a comer 1 galleta, sino a comer 4, como le pasó a ella. Siendo las galletas ricas en grasas hidrogenadas, harinas refinadas y edulcorantes, con otros efectos negativos a la salud, desconocidos para ella.

La razón por la que le aparece la duda y el remordimiento fue que leyó el artículo “LA TORTURA DE NO PODER PARAR”, y pensó que quizá el plátano hubiera sido mejor opción. Es dulce y contiene azúcares naturales presentes en la pieza. Por tanto, comenta que mejor no comprar nada para no caer en la tentación.

Como ya he explicado muchas veces, la comida en sí misma no es una droga, por lo que trabajar el autocontrol y la moderación en el consumo de determinados alimentos es fomentar la libertad y la capacidad de decisión de cada uno.

Le propongo que compre algo dulce en el día de hoy y lo guarde sin comerlo.

Leticia: Esto he comprado. Y ahora me comería uno, pero resisto.

 

 

Helena: Coge uno, ponlo en un táper, y pon NO TOCAR. El resto que se los coman otros.

 

Leticia: Ok.

 

Helena: Sobre todo, piensa que lo has comprado libremente, pero querer comerlo es simplemente por comprarlo, es el capricho puntual, tú ni caso.

 

Leticia: De momento estoy aguantando.

 

Helena: Guárdalo y no lo pongas muy a la vista.

 

Leticia: Ok.

 

Helena: Y, sobre todo, tranquila. Mañana me vuelves a contar qué tal.

 

Leticia: Vale, mañana hablamos. Gracias.

Cuatro días después, incluido fin de semana, le escribo a Leticia para conocer qué tal va, puesto que ella no me ha escrito.

Helena: Hola, Leticia, ¿qué tal has pasado el fin de semana con los dulces?

 

Leticia: Hola. Pues bien, relativamente. Mi dulce está en el frigorífico y yo creo que no lo he cogido porque pensaba en el experimento, pero ganas he tenido muchas.

 

Helena: Cuando se tiene claro algo, un objetivo, es más fácil tener RESISTENCIA. Sabes por qué estás haciendo algo y sabes qué quieres.

 

Leticia: Encima en el trabajo tengo muchas tentaciones, porque trabajo en una casa que hay muchos dulces.

 

Helena: Evidentemente es más difícil con tanto alrededor, pero también te digo una cosa: todo depende de la importancia que le des. Si trabajaras en una fábrica de dulces, te cansarías de verlos, todo depende de tu mente. ¿Sabes? En la fábrica de Kinder en Alemania no prohíben a sus trabajadores comer. ¿Sabes por qué? Porque si lo prohíben, entonces es cuando comen. Así, si les dejan libres, se cansan de comerlos y no lo hacen más.

 

Leticia: Pues sí, ayer estuve casi a punto, pero lo pensé y caí en la cuenta, que con una fruta sacio más mi apetito que con el dulce, que no me hubiera conformado con uno.

 

Helena: EXACTO, FENOMENAL, ¿Ves? Eres totalmente capaz de adelantarte a cómo te vas a sentir. Me alegro mucho. Ahora, esta tarde te comes un pastel, solo uno, ¿vale?

 

Leticia: Gracias, pero todavía no tengo la batalla ganada.

 

Helena: Y dejas de darle importancia a que solo es uno. Te lo comes, sin ningún motivo, solo por entrenar que solo es uno.

 

Leticia: Vale. Gracias.

 

Helena: 💪💪

Finalmente, Leticia me comenta que, al comer ese dulce, no sintió NADA. Le estuvo excesivamente dulce y pensó que no le supuso ni alivio ni pena y que podía no haberlo comido sin ningún problema. Ha descubierto que, trabajando su fuerza de voluntad, es capaz de tomar decisiones de cuándo, cuánto, por qué, y el qué, y que esas decisiones solo las debe tomar ella.

 

Sobre el experimento…

  • Consulta aquí las premisas iniciales.
  • Consulta aquí el caso I.
  • Consulta aquí el caso II.
  • Consulta aquí el caso III.
  • Consulta aquí el caso IV.